En este artículo quiero compartir la experiencia de crear una biblioteca para mi guagua, cómo a través de conectarme con los libros para bebés me he pensado como mamá y creado un espacio para recibir a mi bebé.

En este tiempo he visto que en internet y redes sociales cunden los datos más o menos especializados que aconsejan acerca de lo que necesitas para recibir al bebé; desde ejercicios para el parto, las claves para una lactancia y un sueño exitosos, el swaddle, el colecho, la haacka, el ruido blanco y los mil y un artículos que parecen necesarios para que el bebé crezca y se desarrolle. Qué suerte tener tanta información disponible, mucha más de la que contaban nuestras madres y abuelas, sin embargo, en ocasiones pareciera imposible no abrumarse (en un momento que de por sí es abrumador) con tantos consejos que a veces parecieran exigencias.

Personalmente, crear el espacio en el que lo/la recibiremos ha llevado a preguntarme por aquellos “básicos” que nos interesan como familia. Así como ordenar su ropa ha provocado que me familiarice ya no solo con su “idea” sino con que pronto llegará y ocupará un espacio (real y con volumen) en el mundo que está fuera de mí; buscar y seleccionar libros para su biblioteca también me ha ayudado a para preguntarme más allá de los artículos materiales que necesitamos para recibirle: qué tipo de mamá que seré y de familia formaremos, qué ambiente nos importa generar en sus primeros meses y a medida que crece, cuáles son esas palabras con las que nos interesa que se familiarice en la gestación y una vez que llegue.

Las palabras que arroparon mi infancia también abrigarán a mi bebé

Cuando supe que iba a ser mamá me pregunté cuáles eran aquellas rimas, nanas y canciones que me acompañaron en mi infancia y que me interesaba compartir con mi guagua en sus primeros meses. Rápidamente aparecieron poemas que me remitían a mis primeros acercamientos a la palabra: Estaba la pájara pinta, Margarita de Rubén Darío y Estaba el señor Don Gato (todos publicados por Ekaré), algunos de estos poemas provienen de tradición popular y a todos primero los escuché en la boca de mi mamá o de mi abuelo materno.

Estos clásicos editados por Ekaré me parecieron imprescindibles para la biblioteca del bebé.

Más poesía y música

En mi biblioteca ya tenía algunos títulos que seleccioné para mi guagua por su belleza y expresividad. Colibrí y la lluvia y Cara de Chapulín (editados por Ojitos Producciones) son dos de mis canciones favoritas de la colección Tikitiklip Precolombino, junto a Pelícano rey y Niño Samik. Creo que estas historias bellamente representadas con elementos propios de los pueblos precolombinos a los que pertenecen –la cultura Nasca, Teotihuacán, Chimú y Chorrera respectivamente– son una joyita de la productora audiovisual Tikitiklip, quienes ya nos tienen acostumbrados a su calidad en contenido, ilustración y música.  

Si no conocían a Tikitiklip o solo quieren disfrutarlos, pueden encontrar su trabajo audiovisual en su canal de Youtube.

Otras nanas o poesías populares que me parecieron dignas de entrar en la biblioteca de mi bebé son Duerme negrito (en especial la versión de Paloma Valdivia editada por Amanuta), no solo la belleza de estos versos propios del folclor sudamericano, que en particular escucho en la voz de Víctor Jara, sino que también su ritmo y el potencial de juego que posee (“Y si el negro no se duerme, viene el diablo blanco y ¡zas!, le come la patita ¡chacapumba!”).

También rescatando la música y el juego está Luna de Antonio Rubio y Óscar Villán (editado por Kalandraka), un libro que nos recuerda que se lee mucho antes de conocer los sonidos de las letras y que la poesía puede ser un juego dinámico.

Estos libros están llenos de poesía, ritmo y juego; tres componentes que pueden transformar una lectura en una experiencia multisensorial para un bebé-

En clave más actual, la editorial argentina Pequeño Editor cuenta con Palo Palito eh –que ya reseñábamos hace unos meses junto a otros títulos de su colección Los duraznos dedicada a bebés– una versión de la famosa canción acompañada de varios animales y de una coreografía de dedos, creada por sus autores, Ivanke y Mey. Aquí nos muestran cómo es esta coreografía que llevaron a niños y niñas de diversas partes del mundo.

En la biblioteca de mi hijo o hija no podrá faltar Gabriela Mistral, una autora a la que le sobra presentación y es muy querida en nuestra casa. Mucho antes de pensar en ser mamá reseñábamos Canción de pescadoras, ilustrado por Mercé Galí y editado por Amanuta, entonces escribimos: “Un poema para niños debe tener los ritmos exactos como los de su arquetipo melódico y han de ser sus temas de una emocionalidad desnuda como una entraña, decía la propia Gabriela Mistral. Pocos logran como ella la melodía perfecta y el verso claro y profundo como ella.” Canción de pescadoras ahora solo espera oídos para ser escuchada.

Mientras trenza una red, una mamá le acuna con su voz a su hija. Canción de pescadoras es una hermosa opción de nana.

Papás que no solo son divertidos

Como familia decidimos conocer el sexo de nuestro bebé una vez que naciera. Si bien me da igual el sexo de mi guagua, es imposible no elucubrar entre las opciones. Reconozco que en un principio la idea de tener una niña me tranquilizó, me interpreta lo que señala Jazmina Barrera en Linea Negra “niña fui y a las niñas entiendo”, de inmediato pensé en las dificultades de criar a un niño en el mundo actual. Esta idea se reunió con una preocupación que tengo hace tiempo: dónde encontrar modelos de masculinidad sanos en los productos culturales actuales, en especial en los dedicados a la infancia.

Cada vez hay más consenso de la importancia de la división de tareas entre mamá y papá en casa y en la crianza, sin embargo, la realidad nos señala que estamos lejos de llegar a esta meta, solo para hacernos una idea en Chile el 60% de los hogares son monomarentales, sin considerar todas aquellas familias en las que existiendo un padre, este no participa activamente del cuidado y crianza de sus hijas(os).

También advierto con preocupación que las representaciones masculinas que existen en los medios de comunicación y productos culturales no han evolucionado al ritmo que lo han hecho las femeninas, de la mano de la última ola feminista y del esfuerzo que hacemos muchas y muchos a diario. Pareciera que las niñas de hoy cuentan con variados ejemplos de mujeres que a lo largo de la historia han desempeñado labores en un mundo de hombres, enfrentándose a innumerables prejuicios y dificultades, en los últimos años la importancia de la representatividad se ha mostrado fuerte y clara en productos como Mujeres bacanas, Cuentos de Buenas Noches para niñas rebeldes o el interesante documental Miss Representation

Si tuviera una hija, ella nacería en un mundo donde la representación femenina tiene un espacio en la producción cultural (aunque sabemos que hay mucho por hacer aún en este plano también) ¿Y si tuviera un hijo?, ¿quiénes serían sus referentes masculinos? Así como a mi hija es importante mostrarles que han existido mujeres astronautas, ¿quién le mostrará a mi hijo que las labores de cuidado también las pueden ejecutar los hombres?, ¿dónde están los libros en que los papás cuidan a sus hijos, a ancianos, son enfermeros o matrones? No he encontrado muchos y agradezco sugerencias.

Por otro lado, hay un estereotipo de padre que me preocupa de sobremanera, lo he visto en publicidad, productos audiovisuales como series y películas y también libros infantiles, lo bautizaré como el padre que cuida descuidadamente, es aquel que es cariñoso y divertido con sus hijos e hijas, incluso puede hacer algunas tareas domésticas, sin embargo, lo hace de forma descuidada. Dos ejemplos de libros infantiles en los que veo claramente a este modelo de papá son Mi papá de Anthony Browne (Fondo de Cultura Económica) y Mi pequeño gran papá de Mari Kanstad Johnsen (Niño editor), en ambos libros pareciera que las grandes responsabilidades familiares recayeran sobre mamá, porque papá “hace lo que puede” y se lo perdonamos porque es bueno y simpático. 

Incluso en el caso de Mi pequeño gran papá, se nos presenta a la pequeña Maia como quien debe resolver la situación cuando le pierde el rastro a su descuidado padre en un balneario lleno de gente, ella siente miedo al sentirse sola, pero se consuela con la idea de que encontrará a papá. Si bien entiendo que este libro nos muestra también a un padre cariñoso, que se preocupa tanto por su hija perdida que una vez que se encuentran él se vuelve pequeño y ella grande, creo que este papá «que cuida descuidadamente» es un estereotipo que hay que mirar con atención.

Los padres de mi generación sabrán perfectamente que ser un papá buena onda no es suficiente, pero no se preocupen hay esperanza. Hay dos libros que creo que van en la línea de mostrar a padres que cuidan y educan con cariño y responsabilidad. El primero es el entrañable Algo grande de Sylvie Neeman e Ingrid Godon (editado por Amanuta), un libro que se encuentra en la sección de infantil, pero que podría estar perfectamente en la de crianza y familia también, es que en él se plantea un dilema filosófico que es quizá el misterio de ser papá y mamá: ayudar a nuestros hijos a ver el mundo y cuál es su propósito en él. Algo grande nos muestra a un niño pequeño que está molesto y le plantea a su padre que tiene la necesidad de hacer algo grande, el padre lo guía a través de diversas preguntas, también está confundido (“¿Algo grande cómo qué? ¿cómo una montaña?” le pregunta a su hijo), pero no se da por vencido, con sensibilidad guía a su hijo a descubrir qué es lo que necesita y en un paseo a la playa lo encuentran, juntos.

 

¿Cómo es tu papá? De Estrella Burgos y Miguel Tanco (editado por el Fondo de Cultura Económica) nos cuenta ejemplos de cuidado parental en el reino animal. El caballito de mar, el pingüino y el búho son solo algunos ejemplos de animales que se toman muy a pecho la corresponsabilidad de tener una familia.

Solo para mamá

Al saber que estaba embarazada pensé en la poca literatura que conozco que posea personajes embarazadas o toque a la maternidad, menos mal Jazmina Barrera había pensado esto también, en Linea Negra (Editorial Montacerdos) nos comparte una suerte de diario de embarazo, nos cuenta desde sus impresiones en la primera ecografía hasta que su hijo Silvestre tiene unos seis meses, alternando comentarios de diferentes escritoras, pensadoras y artistas en torno a la maternidad. También Jazmina nos comparte un problema: se ha ganado un fondo para escribir una novela, pero al llegar la noticia de que será madre no puede concentrarse en el proyecto que tenía y solo puede pensar y escribir sobre la llegada de su hijo. Linea Negra posee la sensibilidad y la cercanía para hablar de aquellos grandes temas y miedos de la maternidad sin edulcorantes: “También estoy releyendo Los argonautas, de Maggie Nelson. Hoy leí esa parte donde dice que nadie habla lo suficiente de lo escuro que puede ser el embarazo. Ella no tuvo un embarazo fácil: sentía mucho miedo y sufrió varios accidentes. Estuvo cerca de morir. Yo tampoco imaginaba que el embarazo tuviera momentos tan difíciles.» La narración en primera persona de la ilusión de la espera, el parto y las noches de lactancia te hacen sentir no solo identificada, sino que también acompañada.

Paloma Valdivia nos ha acostumbrado a mostrar la maternidad y la crianza en varios de sus libros, Es así (Fondo de Cultura Económica) o Nosotros (Amanuta) nos revelan aspectos esenciales de la compleja relación familiar, del amor que perdura a través de las generaciones y el tiempo. En Sin palabras (Editorial Hueders) Paloma nos comparte un diario del embarazo en versión ilustrada, creado luego de su primer embarazo, aquí nos narra en clave adulta, con toques de humor y realidad, el proceso de convertirse en madre desde que esta idea se posó en su mente.

Un taller de Sol Primera Infancia

 

A medida que se acercaba el arribo del bebé me surgieron preguntas acerca de cómo mediar libros con bebés. Si bien me desempeño como mediadora de la lectura hace años, siempre lo he hecho con niños y niñas más grandes. Sin duda los bebés poseen particularidades que van más allá de la selección de libros y que involucran los diferentes estados de su desarrollo. No me quedó otra que pedir ayuda a una experta, ahí estaba Sol con quien hice un taller llamado Experiencias lectoras para bebés.

En este taller, Sol te muestra las características propias de la incorporación de la cultura escrita en las etapas tempranas del desarrollo, desde sugerencias de textos adecuados para los primeros meses hasta detalles tan importantes como que en esta etapa los bebés no ven claramente y solo distinguen con mayor nitidez a 20 o 30 cms de sus ojos y en tonos de contraste. De ahí Sol me sugirió crear o hacerme de tarjetas en blanco y negro con imágenes, las cuales deben ser mostradas al bebé de izquierda a derecha (tal como leemos) y pueden ser acompañadas de una rima, una canción o poema. Qué suerte la mía de que en mi ciudad, Puerto Varas, está Voqui Diseño, quienes crearon un set de tarjetas de alto contraste en blanco y negro para la estimulación visual de los bebés y para que los adultos que los rodean les cuenten historias.

Las tarjetas de Voqui poseen ilustraciones de flora y fauna del sur de Chile. Actualmente estoy buscando algunas rimas o adivinanzas que acompañen a la ballena jorobada, el colibrí o el chilco.

El taller de Sol no se queda solo en mostrarte ejemplos, darte consejos de cómo crear experiencias literarias con bebés e información especializada acerca de cómo acompañarles con palabras en cada etapa de su desarrollo, sino que te invita a llevar un libro y crear una breve actividad de mediación pensando en tu querido(a) destinatario(a). Por último, Sol te hace un lindo regalo lector antes de cerrar la sesión.

Sol también ofrece otros talleres relacionados con la mediación literaria en la primera infancia: Folclor poético, el camino para vincular generaciones en torno al ritmo y la palabra, Cómo crear un espacio lector y afectivo para bebés, Literatura Infantil y Mediación lectora en primera infancia. Se los recomiendo. Aquí pueden encontrar más información. 

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