Lonquimay: Fomento lector, familia y cosmovisión Mapuche

Francine Utreras, Educadora de párvulos del Jardín El Naranjito rumbo a las Veranadas.
Kamishibai en el Jardín El Naranjito de Lonquimay

El 22 de noviembre de 1944 se creó la primera escuela de Educación Parvularia en la Universidad de Chile, desde entonces, todos los años en nuestro país, se celebra y destaca el importante rol que cumplen estas profesionales en la educación inicial de nuestras niñas y niños.

Como Cuatrojos, quisimos celebrar este año destacando el maravilloso programa de fomento lector que se realiza en la comuna de Lonquimay, sector cordillerano de La Araucanía, particularmente en el jardín infantil El Naranjito de Fundación Integra.

Francine Utreras, es una de las educadoras protagonista de esta iniciativa quien, entre los copos de nieve del invierno y los conos de piñones característicos del verano, ha llevado a cabo, junto al equipo docente, un programa de fomento lector que se vincula y otorga valor a los Epew – narraciones orales trasmitidas por generaciones – así como también, a la familia, la pertinencia, al cuidado y respeto por el medio ambiente, entendiendo esto como parte de la cosmovisión Mapuche.

Francine es Educadora de Párvulos con mención en expresión artística de profesión, Diplomada en Fomento Lector y Literatura Infantil y Juvenil,  actualmente se encuentra realizando un curso de Diseño Universal para el Aprendizaje, enfocado en necesidades educativas especiales de niñas y niños en primera infancia. Trabaja hace cuatro años en Fundación Integra, pero anteriormente estuvo vinculada a centros de educación Waldorf y Montessori, teniendo entonces experiencia en educación tradicional y educación alternativa.

Fomento lector en un jardín colmado de araucarias

Para Francine el rol del mediador/a de la lectura es fundamental, porque es quien, por medio de los libros, puede conversar acerca de temas complejos y diversos, amplía la visión de los niños y niñas y permite abrir nuevos hilos de conversación,  sobre todo en los sectores donde el acceso a la cultura de lo escrito es prácticamente inexistente “el sector en el que trabajo es muy desfavorecido, porque las familias no tienen un alto nivel de escolaridad, no existen libros en los hogares, entonces se evidencia una brecha muy grande. Sin embargo, nosotras hemos sabido ver esto como una oportunidad y hemos fortalecido la relación entre las familias y la lectura”.

Es así como en este jardín infantil, rodeado de araucarias y con sello en educación ambiental, han logrado instalar tres actividades de fomento lector, que promueven el vínculo con la familia, con la lectura personal, la identidad y pertinencia a la comunidad Mapuche.

Microtalleres de fomento lector

Esta iniciativa tiene como objetivo principal que los integrantes de la familia se transformen en mediadores de la lectura. Es así como cada lunes, un papá, mamá o abuelos, preparan un cuentacuentos y lo presentan a las niñas y niños. Esta iniciativa ha tenido muy buenos resultados, a pesar de que al inicio costó que los padres se motivaran y dejaran atrás la vergüenza, más tarde, eran ellos, quienes con mucho entusiasmo, se ofrecían para la siguiente presentación. Utilizaron recursos plásticos para representar mejor a los personajes, susurradores y diversos objetos para animar la lectura.

Leche literaria

Esta iniciativa busca promover la lectura personal. Tal como los adultos disfrutamos acompañar un libro con un rico café, en el jardín El Naranjito lo acompañan de una nutritiva leche. Aquí no existe el rol del mediador, sino más bien, se promueve un espacio auténtico para que las niñas y niños hojeen el libro, disfruten del contenido y de la materialidad. Al principio los estudiantes se mostraban reacios, no todos querían un libro para acompañar sus leches, pero con el pasar de los días, todos exigían uno, tomando así, poco a poco, más libros que leche.

Epew y Veranadas

Las veranadas son una modalidad no convencional que busca dar continuidad al programa educativo de los niños y niñas pehuenche del jardín, quienes, junto a sus familias y educadoras, se trasladan a la precordillera de Lonquimay y se preparan para el invierno.

Se trata de una recolección de leña, piñones y engorda de animales, que se realiza durante tres meses en la precordillera – diciembre a enero – a 23 kilómetros aproximadamente del pueblo. Pero al igual que en Frederick de Leo Lionni, no solo se reúne o fabrica alimento para la época invernal, si no también se recopila y promueve el valor de la palabra.

Las narraciones orales o Epew en la cultura Mapuche, son una forma de resguardar historias propias de cada lugar, que explican los fenómenos naturales y son traspasadas de generación en generación. Mientras las familias se encuentran en la recolección, niñas y niños disfrutan de historias contadas por las educadoras, promoviendo de esta manera, la literatura genuina que habita en cada integrante de la comunidad.

Tradición y pertinencia en la educación 

Tanto los Epew en las veranadas, como las demás estrategias de fomento lector mencionadas, no solo buscan promover la importancia y el valor de la palabra y la cultura de lo escrito, si no también, son un ejemplo de cómo la educación debe ser inclusiva y pertinente en relación a la diversidad cultural que permite enriquecer nuestra sociedad.

Esta ha sido una de las principales faltas con las que desde el Naranjito, han tenido que luchar, la falta de integración desde las políticas educacionales, hasta los recursos enviados desde el Ministerio, quienes tienen una visión muy global de los estudiantes, tal como comparte Francine “muchas veces nosotros nos hemos tenido que adaptar, el inicio del año acá depende del término de las veranadas en Mayo, no en marzo como en el resto de Chile, o la comida que se les envía a los niños y niñas de acá, son distintas a lo que ellos acostumbran, entonces no se adaptan al pueblo que vive en la cordillera, de alguna manera se están corrompiendo sus tradiciones y su cultura”.

Aún así, estas educadoras se las han podido arreglar y han propiciado momentos y acciones que resguarden la identidad de estas niñas y niños, acogiendo y valorando las tradiciones de nuestros pueblos originarios.

Para este 2020 se pensó en una cuarta estrategia que tendría como nombre “el patio lector” y que buscaba extender los meses de veranadas en que se comparten los Epew, al patio del jardín, durante todo el resto del año. Sin embargo, esta idea junto a las demás estrategias, han tenido que migrar al espacio virtual, lo cual no deja de ser complejo por las enormes brechas digitales y de acceso que ha evidenciado la pandemia. Aún así, Francine junto a las demás educadoras, continúan dando el apoyo y las lecturas necesarias que propicien el vínculo entre las familias y los libros.

Inicio de las Veranadas en diciembre del 2019. A 23 kilómetros aproximadamente del pueblo de Lonquimay.
Francine contando una historia para niñas y niños durante las Veranadas Pehuenches.
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