El florecer de nuestra Literatura Infantil

Ilustración de www.Quimantu.cl

Hace un tiempo tomé un curso relacionado con la historia de la LIJ en Chile y Latinoamérica, y a propósito de los datos históricos y la reflexión surgida, durante mucho tiempo me quedé pensando en el proceso de consolidación de la literatura infantil en nuestro país, en cómo fue ese recorrido y en cómo muchas de nuestras manifestaciones simbólicas y literarias fueron víctimas, entre otras cosas, de la invasión y aniquilación que produjo la conquista. 

Ernesto Sábato escribe (…)“un escritor nacido en Francia encuentra su patria ya hecha. El latinoamericano tiene que hacerla a la par que escribe”, esta frase cobra especial sentido, al hacer referencia a que el mestizaje cultural entre Europa y América marcó un inicio importante, no sólo en nuestra cultura, si no también en nuestra Literatura.  

El Doctor en Ciencias y escritor Vicente Romano, ofrece una mirada crítica sobre el término “descubrimiento de América”, lo considera inadecuado al reflejar una visión eurocentrista de los acontecimientos, en cambio, se refiere a que dos mundos que se ignoraban por completo, se descubrieron mutuamente, ahora, bien sabemos quién se llevó la peor parte en este encuentro. 

Romano menciona que existió un intercambio desigual que repercutió no solo en la lengua, la libertad, las creencias, el comportamiento, las circunstancias cotidianas, como la comida, la bebida y la música, sino también en lo literario, los americanos honraron imágenes ajenas y desconocidas a su cultura y fueron forzados a la destrucción de sus propias expresiones “la violencia material y simbólica de los invasores se tradujo en la destrucción del imaginario autóctono, de sus mitologías, sus culturas, sus templos, etc. En esto los conquistadores europeos se comportaron como todos los demás: se destruyeron libros y monumentos para erradicar el recuerdo, la memoria histórica, y reescribir la historia a su manera”.

Recopilemos un poco

Según cuenta el escritor e historiador chileno Manuel Peña Muñoz, en su libro Precursores de la Literatura Infantil y Juvenil Latinoamericana, con la llegada de los españoles, se comenzaron a transmitir historias en lengua castellana y los mitos, traspasados oralmente por los Mayas, fueron reemplazados por fábulas moralizantes, pero con animales del continente, una composición que en estos días quizás no genera tanto ruido. 

Con la llegada de los conquistadores, se evidenció un sincretismo cultural, es decir, muchas manifestaciones orales de la época precolombina quedaron en el olvido y las historias comenzaron a entregar elementos de adoctrinamiento religioso, conductual y moral.

Entonces, ¿Cuándo se podría hablar de autonomía literaria en América Latina?

Ana María Machado, señala que la literatura intenta crecer con rostro propio en concordancia con la independencia política del territorio (…) “fue en el siglo XX cuando se consolidó esa nueva posibilidad: la de que la literatura infantil iberoamericana pudiera crecer como una fuerza original, una creación con características propias y distintivas, subversiva y libertaria. Una energía expansiva capaz de tumbar todos aquellos modelos antiguos que predicaban la obediencia infantil”.

Tanto en América Latina como en Chile o en “nuestra América”, como dijo José Martí, la literatura pensada para niños y niñas, logró florecer luego de un periodo agonizante. El principal rasgo en común en las primeras manifestaciones literarias fue el de instruir, particularmente en Chile, los primeros libros editados fueron los silabarios con el objetivo pedagógico de alfabetizar muchas generaciones, un rango utilitario alejado de toda fantasía y diversión.

Al respecto, Manuel Peña Muñoz cuenta que, durante la segunda parte del siglo XIX, se ejercía una literatura autoritaria, los libros infantiles solían ser patrióticos y reforzaban la idea de un país republicano, que imponían héroes y símbolos patrios, morales y religiosos.

Pero como en muchas historias infantiles existen héroes y heroínas, en esta no hay excepción. José Martí, Rubén Darío, Horacio Quiroga, María Elena Walsh, en Latinoamérica y Gabriela Mistral, Hernán del Solar, Marcela Paz, Alicia Morel, Jacqueline Balcells, entre otros referentes importantes, germinaron las primeras semillas de una literatura más genuina, escrita y pensada desde contextos comunes y silvestres, sin subestimar al lector.

Comienza entonces a florecer una literatura libre, lúdica, que madura en cuanto abandona el didactismo y se consolida en pro del entretenimiento y la subversión. Con toques de ingenio e ironía, transgrede lo habitual, invita a divertirse y a apreciar la esencia del folclor latinoamericano, pero sobre todo busca, a como dé lugar, descolonizarse.

"Silabario" tuvo como objetivo alfabetizar muchas generaciones.
"La Porota" de Hernán del Solar, un clásico que se lee hasta nuestros días.
"Perico trepa por Chile" novela infantil chilena creada por las dos autoras clásicas del género.

Construyendo a pulso

Alzamiento y rebelión, marcan la ruptura de lo clásico e impregnan las nuevas obras infantiles que comienzan a escribirse, textos que en la voz de Lucía Machens, rechazan la actitud dominadora del pasado y tumban aquellos modelos que predican la obediencia infantil. 

Uno de ellos es la revista “El Peneca”, publicada en el año 1908, y que resuena hasta nuestros días por ser una apuesta que marcó generaciones, con literatura de calidad, garantizó un espacio para que muchos niños y niñas compartieran sus creaciones visuales y literarias. 

También la Editora Nacional Quimantú, fundada en el año 1971, y que desde sus inicios se propuso democratizar el libro y garantizar el acceso de todos los ciudadanos a la cultura de lo escrito, entendiendo esto como un derecho universal. Además de masificar información ideológica y cultural, esta editorial generó contenido diverso para un público adulto, pero también innovó con publicaciones dirigidas a los primeros lectores.

 

Según un artículo de la Usach, “La publicación ‘Cabrochico es una de las revistas que respondió más programáticamente al proyecto del Presidente Allende, orientado a la formación de un hombre nuevo, alejado del cuento de hadas y alineado con el pensamiento crítico.

María Silva Ossa quizás no tan célebre, pero que realizó un importante rescate poético desde el mundo campesino y que, además, se atrevió a cuestionar el sistema social, político y educativo de la época post dictadura. Acción muy contestataria en aquellos años. O nuestra Gabriela, que con su obra influyó a toda Latinoamérica, recreando la poesía infantil de tradición oral, acercando a niñas y niños a una literatura más pura, colmada de arrullos, cantos y nanas. Una escritora que formó gran parte de los cimientos de la poesía en nuestro país, preocupada por la educación pública, sobre todo en zonas rurales, una influencia no sólo literaria y educacional, sino también reformista.

Estas publicaciones sin duda marcan un precedente importante en el surgimiento de una literatura más integra, sentando las bases para lo que hoy nos sorprende como parte del actual repertorio nacional literario. María José Ferrada, Paloma Valdivia, Sara Bertrand, Andrea Maturana, Francisco Ortega, Andrea Pizarro, Claudio Aguilera, son algunos de los referentes de la literatura infantil chilena que consideran al niño como un receptor curioso y activo. Una literatura que reivindica el disfrute, y que explota minuciosamente el formato y la materialidad del libro como soporte.

Esta literatura que alcanza madurez, sigue estando muy cerca del universo emocional, imaginario y cotidiano de los niños, porque recrea el mundo tal y como es, sin adornos, libre de prejuicios, pero también porque explora temas complejos, como el abuso, la discriminación, la vida y la muerte. Un espacio para que los propios lectores en formación, puedan sentirse reflejados y enriquezcan su experiencia personal con lo literario.

Pero no sólo los elementos cotidianos y sociales siguen estando presentes en las nuevas ediciones, si no también lo tradicional se ha mantenido como asunto fundamental de los nuevos autores, los juegos tradicionales o las narraciones orales traspasadas de generación en generación, o las costumbres típicas de cada zona del país, reflejan que la sociedad hoy en día, quiere preservar una identidad propia, marcada por colonizaciones, desastres, dictaduras y globalización, pero propia al fin y al cabo.

 

"El Idioma secreto" de María José Ferrada.
"La vida sin Santi" de Andrea Maturana.
"Júbilo" de Andrea Pizarro.

Referencias en el orden que fueron citadas

Romano, Vicente: El choque de imágenes entre conquistadores y conquistados. Disponible en http://www.cisc.org.br/portal/biblioteca/choquedeimagenes.pdf

Peña Muñoz, Manuel (2015): Precursores de la Literatura Infantil y Juvenil Latinoamericana. Lugar Ediciones.

Machado, Ana María (2017): Ciudadanía e infancias lectoras. Chile: Colección Ala de Colibrí. IBBY CHILE. 

Machens, María Lucia (2009): Ruptura y subversión en la literatura para niños. Sao Paulo: Editora Global.

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